Salsa que sabe a lo nuestro

Escrito por el mayo 23, 2018

A veces los sueños nos encuentran en el camino y otras nos han abrazado siempre. Así recuerda Gustavo Rodríguez su amor por la música, que habitó en su casa desde que era un niño de escasos 8 años que fue de

A veces los sueños nos encuentran en el camino y otras nos han abrazado siempre. Así recuerda Gustavo Rodríguez su amor por la música, que habitó en su casa desde que era un niño de escasos 8 años que fue de la mano de su padre a cantar en el programa infantil que dirigía “Pacheco”.  Esa fue la primera vez que vio frente a frente lo que sería su vocación hasta hoy.

La salsa es su amor indiscutible, aunque no lo haya sido siempre; se pasó largo tiempo entre las baladas, guavinas y toda la música de su padre, hasta que su racha de mal estudiante, lo llevo a hacer, un trato muy interesante con sus compañeros de colegio.

“Mis papás eran profesores y yo terminé estudiando en un colegio público de  Popayan. En principio no me fue tan bien. Allí había algunos instrumentos y fue donde formé Renovación, mi primera orquesta. No teníamos instrumentos para tocar salsa. Inicialmente nos inclinamos por la música del Caribe.  Cuando salíamos de clase, a veces sin almorzar, nos íbamos a ensayar y después mis compañeros me ayudaban con todo el tema académico. Cuando acabé el bachillerato ya me había convertido en un estudiante aceptable, aunque  lo mío siempre fue la música”.

Su gran oportunidad vino después de uno de los escándalos más sonados de la que es quizás la figura más representativa de la salsa en Colombia: el maestro, Jairo Varela.

En 1984 el grupo Niche ya  era protagonista en la escena musical. La gran sorpresa de la feria de Cali de ese entonces no fue su esperado concierto, sino  la abrupta ruptura del director de la orquesta con la parte más representativa de sus músicos. Ellos, por desacuerdos  económicos, no se subieron a tocar.  De la separación nació la orquesta “Los Niches”. Además de sus nuevas producciones, tocaban los primeros trabajos y éxitos  del grupo Niche entre los que se  contaban “Cali Pachanguero”, himno oficial de la feria de Cali.

“Cuando yo llegué a los Niches estuve en los coros. En ese entonces lo que se conocía como salsa no daba cabida a mi manera de cantar. Yo tenía un estilo de balada, romántico, que no cazaba bien con el concepto de salsa brava que se venía manejando en ese momento.

Por esa época  aparecieron cantantes como Eddie Santiago y Willie González, exponentes de otro tipo de salsa. Gracias a William Muñoz,  un gran amigo, pude  cantar “Si supieras” y “Que nunca  me falte” canciones que  suenan hasta hoy”.

Este salsero es fiel creyente de  que su género está lleno de músicos integrales y que ese es un requisito indispensable para tocar cualquier ritmo afrolatino. Cree que la música como todo lo que crece, debe evolucionar  y es fiel defensor de los sonidos  que se gestan en cada país que le ha apostado a hacer salsa. Su amor por Cali y los sonidos particulares que nacieron en la sucursal de cielo, lo llevaron a lugares y  creaciones que  quizás nunca se imagino cuando se separó de la orquesta que catapultó su música.

“Hubo un punto en mi vida donde decidí que debía ser independiente. Los Niches fue una gran orquesta que me enseñó mucho.

Cuando inicié mi carrera como solista, además del reto de dejar de cumplir un rol, para convertirme en el líder de algo, también me enfrenté a ese problema. Hoy creo que parte de ser un artista integral, es ser un buen empresario”.

En su etapa como solista,  tuvo mucho éxito trayendo a la salsa varios éxitos de la balada como “Pequeña y frágil”; también vivió la  época donde la radio, cada vez mas comercial, empezó a pasar a los artistas por un colador  devastador: los músicos mas sonados eran los que pagaban un lugar en la radio. Fue entonces cuando decidió no volver a sacar producciones musicales.

“Después de llevar un tiempo sin  sonar cosas nuevas en la radio, me di cuenta que el mercado demandaba el sonido particular de la salsa de Cali. En el 2010 empecé a retomarlo  y creé  la marca “Salsa Caleña”.

Esta marca de la que Gustavo Rodriguez hizo su mas alta bandera, le permitió  hacerle un gran homenaje a Jairo Varela. Para este fin  reunió en el estudio donde grabó habitualmente el grupo Niche, a artistas de la talla y el peso histórico de Gabino Pampini,  Moncho Santana, Juan Lozano, Carlos Romero, Álvaro Castillo, Hansel Camacho y Tito Mayor entre otras grandes estrellas de este firmamento.

Gustavo Rodríguez no esconde su admiración por el maestro Jairo Varela y su legado. Esa es una de las principales razones por las que defiende los sonidos  del país, para él, los sonidos internacionales  deben, por sobre todo, saber  a lo nuestro.

 

Yarley García

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